LAS COSAS COMO SON…

Por Tomás Benítez Cano

LICENCIADOS TAQUEROS

Cuántas veces hemos escuchado la sentencia popular que dice que “un pueblo analfabeta está condenado al atraso” o la otra de sentido inverso que reza: “la educación es la base del desarrollo”. Si esto fuera una máxima que se cumple a pie juntillas en todas partes y cualesquiera que sean las circunstancias, entonces
festinemos de una vez porque Guerrero muy pronto dejará el cabús del desarrollo con la puesta en marcha de la campaña de alfabetización.
Es tanta la demagogia barata de los políticos, que a veces –según su conveniencia-- las cosas sencillas las hacen parecer muy difíciles y viceversa: las difíciles las hacen parecer muy sencillas, y este es el caso del problema del analfabetismo en nuestro estado.
Veamos. El pasado 30 de mayo se puso en marcha en Acapulco la campaña Guerreros por la Alfabetización, en la que se invertirán 180 millones de pesos (o más si es necesario) para alfabetizar en este año a 50 mil guerrerenses de los 374 mil que no saben leer ni escribir. Se explicó que participarán 200 instituciones, entre las que destacan la UNAM, la UAG, CONAFE, Gobierno de Cuba y la Iglesia católica, solo por citar algunos. Se dijo que en esta cruzada se utilizarán tres métodos: el cubano Yo sí puedo, el del INEA y el de la Iglesia católica. Y como este lastre es más elevado entre los indígenas, se invitó a los representantes de las lenguas Amuzgo, Tlapaneco, Náhualt y Mixteco para que, a su vez, convencieran a esos grupos étnicos para alfabetizarse.
Todo lo anterior se adornó con florituras como “la alfabetización es una obra prioritaria y un reto inaplazable…, “este programa contra el analfabetismo no tiene comparación en la República ni antecedentes en la historia de Guerrero…, puesto que alfabetizar a 50 mil personas este año equivale al 50 por ciento de las cifras oficiales que se reportan en todo el pías”.
Todo bien cocinado, en apariencia. Pero lástima Margarito, porque el problema del analfabetismo no es cuestión solo de inversión y voluntad, y para acabar con el tampoco es garantía la cantidad y prestigio de las instituciones participantes.
La verdad que el asunto es más complejo de lo que nos lo están pintando. Resumiré que el analfabetismo es también un fenómeno cultural, una cuestión hereditaria, un modo de vivir, por cierto, muy ligado a la pobreza o sobrevivencia, de ahí que se de mayoritariamente en la población indígena, en el medio rural y en los cinturones de miseria de las ciudades y, más aún, entre la población adulta. Son estas particularidades, precisamente, las que dificultan la alfabetización.
Habría que preguntarnos desde el origen ¿Por qué en su momento no estudiaron los ahora analfabetas? Las respuestas pueden ser cientos, pero las más socorridas son porque no había escuelas en sus lugares de origen, porque tenían que trabajar (aún siendo niños), porque sus papás tampoco estudiaron, etc. etc. Y decenas de estas respuestas tienen vigencia en la actualidad.
Pero lo fundamental, en estos momentos, es preguntarse si esa alfabetización les cambiará realmente la expectativa de vida a los adultos mayores o de aquellos cuarentones (en adelante). Insistir en qué les ofrecería la vida si ahora aprenden a leer y a escribir. Cuál sería su recompensa de ese migrante si deja de viajar a Sonora y se queda a alfabetizarse junto con su familia. Qué ganaría una pepenadora de 50, 60 o más años, para hacer una pausa y ponerse a estudiar. Para ella da lo mismo, porque seguirá siendo pepenadora. Y así podríamos continuar con miles de ejemplos.
En concreto, mientras en Guerrero, y en cualquier otra parte del mundo, no se ofrezcan cambios estructurales e integrales que a la gente le permitan tener mejores oportunidades y expectativas de vida, lo demás de nada sirve, porque solo estaremos ensanchando las filas de licenciados taqueros, ingenieros taxistas, maestras lavanderas, etc. etc. o nos pasará lo de Cuba: letrados pero bien jodidos (subdesarrollados, para que no se me enojen mis maestros).

Comentarios